El oeste también existe.... Carmelo y sus alrededores ofrecen turismo y vinos de calidad
En una recorrida que incluyó varios establecimientos vitivinícolas tradicionales y otros nuevos, un fin de semana muy bien regado a vinos se convirtió en un disfrute para los sentidos.... una experiencia enogastronómica que puede ser vivida por todos aquellos que estén dispuestos a transitar las tres horas que separan Montevideo de Carmelo.
por Daniel Arraspide
Una mezcla de trabajo y placer fue lo que nos motivó este pasado fin de semana a - previa coordinación - cargar nuestro coche temprano en la mañana del sábado y en familia tomar dirección oeste por la ruta 1 (y más adelante por la 22 y 21) con el propósito de recorrer esta bella región del Uruguay visitando algunos de sus más emblemáticos establecimientos vitivinícolas, algunos centenarios, y otros tan nuevos que nuestros hijos podrían considerarse mayores si se comparan las edades de unos y otros.
Con el infaltable "amargo" recién preparado y los bizcochos calentitos, a las 7:30 ya habíamos cruzado la Barra del Santa Lucía, y dos horas después estábamos llegando al primer lugar marcado, la bodega Los Cerros de San Juan, lugar del cual ya estaremos dando cuenta en una nota por separado.
Una vez culminada nuestra visita en "Los Cerros" (así se acostumbra a llamarle) y escasos kilómetros más adelante sobre la derecha de la ruta llegábamos a la Bodega Fripp, elaboradora de una novísima línea de vinos: Finca La Lucila, compuesta por tres varietales jóvenes de la cosecha 2013 vivificados con la asesoría del conocido enólogo carmelitano Daniel Cis Godoy.
Quien aguardaba ansiosamente nuestra visita era el joven Leandro Fripp, que siendo la cara visible de la pequeña bodega familiar está llevando adelante (junto a un socio argentino) con muy buen contenido de trabajo y pasión ésta nueva etapa que su bodega viene encarando con éxito luego de dar el paso fundamental: preparar los viñedos para producir alta calidad en cantidades limitadas, proceso que dio como resultado las primeras 7.000 botellas de Merlot, Tannat, y Cabernet Sauvignon recientemente lanzados al mercado.
Allí Leandro nos mostró los viñedos conducidos en espalderas, la planta de elaboración en donde conviven piletas de cemento revestidas con epoxi y tanques de acero inoxidable (todo con control de temperatura) y la sala de afinamiento climatizada en donde descansan las botellas hasta su expedición. Un ambicioso - y muy bien pensado - proyecto de enoturismo, con sala de degustaciones y venta directa incluida, son algunos de los espacios que se irán sumando de a poco, a medida que el tiempo y las inversiones lo permitan.
De momento, lo principal ya fue muy bien logrado con Finca La Lucila: tres excelentes vinos que con una óptima relación costo - beneficio llaman la atención de consumidores y expertos que los prueban, coincidiendo inclusive que el potencial de guarda de los caldos hará que vayan creciendo con el paso del tiempo.
A esta "altura" del día en donde el estómago se hacía sentir avisando que era hora de alimentarse, los 40 kilómetros que aún faltaban por ser recorridos hasta llegar a nuestro destino (Finca Narbona) se hicieron rápidamente, llegando a una hora razonable para poder disfrutar con tiempo de un opíparo almuerzo, claro, muy bien regado por el Narbona Pinot Noir 2011 que la enóloga Valeria Chiola supo vinificar de maravillas y que hizo muy buena compañía a las entradas y platos de fondo que supimos literalmente devorar.
Pero como de Narbona hay mucho para contar, no sólo de sus vinos, de su Wine Lodge, de su nueva bodega, del futuro lago que viene "construyendo" a los fondos de la finca, por eso hemos optado a escribirlo por separado en otro artículo que seguramente incrementará las ganas de quien lo lea y hará que intente conocer (o volver a visitar este lugar si es que ya lo ha hecho) para vivir la experiencia que sólo puede ser vivida en un tipo de chateau al mejor estilo de la campiña francesa pero aquí nomás, cerquita, en Carmelo.
Con las energías repuestas luego del merecido descanso, CampoTinto fue el lugar elegido para ir a cenar en familia. Este es uno de los nuevos emprendimientos de la zona, y que bajo la tutela del argentino-casicarmelitano Diego Viganó ofrece un concepto de posada boutique y restaurante con acento mediterráneo (particularmente italiano) de sabores puros, profundos, donde la excelente materia prima está a la vista y la inteligente combinación de los productos sale de una cocina dirigida por gente experimentada y que también deja ver su amor por lo que hace.
Los vinos de la carta (en su mayoría producidos en los alrededores) muestra etiquetas de bodegas como Irurtia, Cordano, y la novel El Legado, etiquetas a las que se suman "la de la casa" un estupendo, carnoso, y bien estructurado Tannat de la cosecha 2012, además de el "La Concordia", vino elaborado con uvas cultivadas en otro de los proyectos inmobiliarios de Viganó.
La cuenta? muy por debajo de lo que muchos puedan imaginar. Un menú infantil (churasquito de lomo con puré de papas), una pizzeta de mozzarella de buen tamaño e ingredientes de primera, una entrada de polenta frita con queso de cabra y cebollas caramelizadas para compartir, una ensalada "Caesar", una ensalada mix de verdes con frutillas frescas, refrescos, agua mineral, una botella de Tannat rosé, y la panera cargada de panificados y finos grisines fato in casa, sumó un total de 1.950 pesos con servicio incluido, algo muy conveniente si se trata de cuatro personas como en nuestro caso.
Luego, ya siendo domingo y con la idea de pasar bien la jornada primaveral aprovechándola, tomamos dirección una vez más hacia la campiña de San Roque, hasta el Almacén de La Capilla - Vitivinícola Cordano (así luce la leyenda en su cartel) en donde fuimos muy bien recibidos por el matrimonio de Diego Vecchio y Ana Paula Cordano, quienes amablemente nos mostraron sus viñedos, las instalaciones de la vieja bodega, la cava de afinamiento y barricas y la bella tienda almacén en donde venden no sólo los vinos producidos por la casa, sino también algunos quesos, aceites de oliva, conservas y artesanías locales.
Una de las cosas que vimos y nos llamó la atención fue un paño de viñedo de viejas plantas de Harriague (Tannat) con una edad de “por lo menos 72 años” y del que Diego Vecchio viene buscando ante INAVI certificar – sin éxito hasta ahora – dado que él lo considera un patrimonio genético del lugar.
En una nueva apuesta por los vinos finos y con cuatro varietales que se destacan (un blanco, dos rosados bien diferentes, y un tinto) la tradicional bodega viene apostando a captar la atención del turista, estando siempre abiertos en horario extendido (especialmente en los fines de semana) para que todo aquel que hasta allí se acerque pueda degustar y luego comprar los productos que más le gusten.
Para finalizar nuestro recorrido por esta bella región del Departamento de Colonia, nada mejor que ir a almorzar a un lugar del que todos hablan bien, y que teníamos conocido hace muchos años atrás cuando - acompañados por el siempre recordado Dante Irurtia - estuvimos almorzando con un grupo de socios de Cava Privada en este mismo lugar.
Estamos hablando de Comedor Lokorrea, un salón localizado también en las cercanías de la Capilla de San Roque (Colonia Estrella) donde todos los domingos se sirve un menú de esos que hacen acordar a los sabores de cuando nuestras madres y abuelas nos cocinaban.... matambre relleno con ensalada rusa como entrada, y ravioles de espinaca con salsa boloñesa y "tuco" de pollo como plato principal - servido a discreción - son dos de las especialidades de la exitosa casa que por domingo suele abrigar a unos 500 comensales, y que también incluye en la propuesta una mesa de postres y café.
Lo mejor de ese almuerzo, habernos encontrado con Carlos, Silvia, y Marcelo Irurtia, que estaban almorzando y promocionando su Medio & Medio blanco 2013 (el mismo que fue Medalla de Oro en el Concurso de VinoSub 30 Uruguay) y que era servido como copa de bienvenida, y la amable invitación del propio Marcelo con una bella botella de Km. 0 Río de La Plata Gran Reserva Pinot Noir 2010, otra etiqueta premiada, en este caso en el Concurso El Consumidor Elige 2013 de reciente realización, etiqueta que supimos disfrutar y maridar en nuestra mesa.
Algo que llama la atención es el precio por comensal que en este lugar simple pero de una gastronomía tipo "casera" ofrece un atractivo especial, y que no llega a los 300 pesos per cápita (sin bebidas) precio que sin dudas parece de otros tiempos, cuando todo costaba bastante menos en nuestro bendito país.
En resumen, nuestra recomendación es visitar Carmelo (Colonia si lo prefiere) y buscar estos lugares que son frecuentados no sólo por locales, sino también por turistas que ávidos de conocer nuestra cultura de sabores, bebidas, y bien recibir, cada vez más llegan, prueban y aprueban lo bueno que tenemos para brindarles en una ruta que configura un paseo por los sentidos.
fotos: A. Fontes / D. Arraspide
publicado en www.vinoybebidas.com
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