Mi encuentro con la “Mariposa de la Vida”, nueva escultura en Punta del Este camino a José Ignacio

Por estos días me encuentro en el Este, recorriendo el trayecto que va desde el increíble y circular puente sobre la Laguna Garzón hasta el doble puente de La Barra. Basta transitar la Ruta 10 para notar la transformación constante que ha vivido esta región. Sus edificios y casas relatan historias únicas y exhiben estilos arquitectónicos sorprendentes, invitándonos a descubrir su esencia en cualquier época del año. Una auténtica metamorfosis que convierte al lugar en una visita obligatoria para todo viajero.
Por Jacobo Malowany
No es casual que haya utilizado la palabra “metamorfosis”, pues evoca un cambio profundo y constante, justo como el que experimenta esta región del Este. Y, como si de un símbolo viviente se tratara, la escultura más reciente de Pablo Atchugarry lleva por nombre “Mariposa de la Vida”, un tributo a la evolución, la memoria y la fuerza transformadora del arte en el paisaje.
Confieso que, al verla en plena etapa de construcción, me llamó poderosamente la atención. Saber de su inauguración despertó en mí una curiosa expectativa que trascendía el simple turismo. Iba en busca de una escultura monumental, obra de un artista uruguayo que ha conquistado el mundo con su talento. Con sus casi 12 metros de altura y 30 toneladas, esta pieza, valuada en aproximadamente 2 millones de dólares, fue fabricada en Italia y traída a Uruguay en siete contenedores.
La escultura rinde homenaje a Alejandro Atchugarry, figura clave en la economía uruguaya durante la crisis de 2002. Recordarlo, tras haberlo conocido y apreciado su humildad y sencillez al explicarlas cosas; me conmovió profundamente, pues comprendí la carga emocional y familiar que impregna cada parte de este diseño.
Apenas puse un pie en el lugar, me di cuenta de que no se trataba solo de una obra de arte, sino de un símbolo de transformación y memoria. Su imponente estructura parece flotar en el aire, como si el peso se desvaneciera ante nuestros ojos. Me resultó asombroso imaginar el viaje de esta colosal pieza desde Italia hasta Uruguay, embalada en siete contenedores, para finalmente erigirse con total majestuosidad en estas tierras. Esta mariposa colosal también carga con el brillo de las grandes presentaciones, como en los conciertos de Andrea Bocelli, donde la música y la escultura se fundieron para tocar el alma del público. Sentir ese halo de trascendencia en persona es un privilegio que va más allá de una simple visita turística.
Unos pasos más allá se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), un lugar que emana la misma fuerza creativa que caracteriza la trayectoria de este gran artista. Entre jardines, pabellones inmaculados y una luz natural envolvente, descubrí no solo su obra escultórica, sino también pinturas y propuestas de otros artistas internacionales que dialogan a la perfección con la esencia uruguaya.
Como parte de su temporada 2025, el MACA presentará del 4 de enero al 9 de febrero una ambiciosa exposición dedicada a John Baldessari (1931–2020), figura esencial del arte conceptual contemporáneo. Con su fusión irreverente de imagen, texto y apropiación fotográfica, Baldessari replanteó por completo los límites entre pintura y fotografía, dejando una influencia imborrable en sucesivas generaciones de creadores. Esta muestra brindará un recorrido fundamental por el legado de quien, para muchos, es el gran “padrino del arte conceptual”, al tiempo que consolida al MACA como un referente cultural de proyección internacional.
Y, mientras recorría el MACA, me enteré de un dato que me alegró el espíritu: en 2025, Pablo Atchugarry volverá a exponer sus orígenes pictóricos, un recorrido que promete enlazar la pintura y la escultura en una narrativa que celebra más de cuatro décadas de trabajo incansable. Para mí, esta historia es un recordatorio de que el arte puede nacer en un punto, transformarse en otro y, aun así, conservar su raíz más profunda.
Regresé a casa con la certeza de que Maldonado no solo es un destino atractivo por sus playas y paisajes, sino también por la fuerza inspiradora de un artista que sigue abriendo caminos para Uruguay en el mundo. Si buscan una experiencia que conjugue lo sublime del arte con la identidad local, la “Mariposa de la Vida” y el Maca son una parada obligatoria. Porque, a veces, todo viaje turístico puede convertirse en un viaje hacia nuestro interior. Y Pablo Atchugarry, con su obra, logra justamente eso: hacernos sentir un poco más humanos, un poco más vivos.