Martes, 13 Septiembre 2016

Colonia, Ciudad abierta al corazón del turista

Dueña de miles de atardeceres, destino de escapadas románticas y motivo de todas las miradas a través de la historia, es una de las postales más bellas que ofrece el Uruguay cuando te recibe.

por Ricardo Montenegro

Como todos los departamentos del país y más aún cuando a turismo refiere, Colonia tiene una serie de singularidades geográficas, históricas y culturales, que la distinguen.

Los más de doscientos kilómetros de costa  muestran con orgullo la variedad que puede esperar el visitante que no ha pisado nunca su suelo.

Las tranquilas y siempre presentes playas naturales de arena blanca y fina, salpicadas en el paisaje por otras de altos barrancos con insuperables vistas, desembocaduras de ríos y arroyos que son refugio de miles de barcos deportivos que surcan en toda temporada sus aguas, a veces no tan mansas,  aún sorprenden a los dos millones de argentinos que año a año cruzan el río ancho como mar, recorriendo varias de las ciudades y pueblos del departamento; desde la pujante y portuaria Nueva Palmira sobre el río Uruguay, hasta la tranquila Costa del Inmigrante, ya muy cerca del límite con San José.

Una mixtura inmigratoria

Colonia muestra al Uruguay del descanso sereno y la conversación pausada, del esfuerzo del trabajo y de la variedad de la inmigración europea, que forjan en conjunto el carácter nacional. Tiene zonas definidas por la inmigración vasca, visible en Carmelo y Nueva Palmira como en ninguna otra ciudad; la piamontesa en La Paz y Valdense; la suizo-alemana en Nueva Helvecia o Colonia Suiza; francesa en la zona de Rosario; la de multicultural zona rural marcado por Tarariras, Ombúes de Lavalle, Cufré, Florencio Sánchez y Miguelete; el acento fabril de Juan Lacaze y la más cosmopolita Colonia del Sacramento, ésta última el punto de mayor ingreso de turistas.

Patrimonio Histórico y Cultural del Uruguay

Colonia del Sacramento, punto estratégico militar cuando el imperio de Portugal la fundara en enero de 1680, ha adquirido la misma categoría, pero desde el punto de vista turístico. Fue fundada por el gobernador de Río de Janeiro, Manuel Lobo, cumpliendo así el mandato imperial de extender la frontera al sur y marcar su pretensión ante la corona de España, que ya tenía a Buenos Aires como el puerto de salida, tanto de la producción de cueros y otros insumos, como el de la plata y el oro que viajaban desde el Alto Perú.

En 1995 y luego de casi treinta años de trabajo de restauración y protección, el sitio fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por UNESCO, hecho fundamental para la expansión del turismo, viéndolo desde el aumento de la cantidad de visitantes hasta la alta inversión hotelera. Esta joya representa un imán para el turista extra región, muchos de ellos seguidores de sitios distinguidos por UNESCO y es común encontrar en esas pocas manzanas, de trazo irregular, grupos de turistas que hablan las lenguas más diversas, de todos los continentes.

Calidad al estilo uruguayo

Pero no sólo de la historia vive el turismo. La producción de lácteos, vinos y dulces, es cada día más aceptada por hoteles y restaurantes locales, dada la receptividad del turista que prefiere mercaderías del lugar que visita y además, prácticamente ecológicas, siguiendo las viejas tradiciones traídas de Europa. La gastronomía trascendió la típica propuesta rioplatense y se emparda a la que se encuentra en otros destinos importantes del mundo. La tradicional parrilla se mantiene firme, pero comparte la misma cuadra con propuestas gourmet de altísima calidad.

Vinos con prestigio internacional

En la zona vitivinícola que tiene su epicentro en Carmelo, se producen vinos de alta calidad, en bodegas tradicionales y de prestigio internacional como Irurtia o Zubizarreta, pero también en otras de tipo “boutique” que van de punta con el gusto internacional. Hay que recordar que en Colonia está “el ADN del tannat” al decir de un enólogo francés que recorriera la zona, desde los alrededores de la capital hasta más allá de Carmelo.

Un sinfín de propuestas de diversión

Destino ineludible de escapadas de fin de semana, la propuesta incluye casinos, hotelería de alta gama, barrios abiertos pero de construcción de alta categoría, shoppings y tranquilas caminatas por las ramblas costeras. En Colonia del Sacramento, la noche comienza con una de las puestas de sol más bonitas que puedan verse: en un día de cielo despejado, la enorme Buenos Aires muestra su skyline imponente, con el brillo de sus vidriadas torres que recuerdan al siempre presente turista porteño, acodado en la rambla costera, que dejarán este lado del río y su bucólico entorno, para volver al gigante urbano del Río de la Plata.

El departamento de Colonia descansa sobre el codo de tierra en el que el kilómetro cero del Río De la Plata nace de los grandes caudales de los ríos Uruguay y algo más allá, el Paraná. Esa magnífica confluencia se observa desde Punta Gorda, punto alto sobre la playa en la que desembarcó su descubierto, “donde ayunó Solís y los indios comieron”, dijo Jorge Luis Borges en 1516 y siglos después, Charles Darwin.

Las viejas calles de su Barrio Histórico recuerdan los casi cien años de enfrentamientos entre españoles y portugueses llevados al ámbito urbano; empedrados portugueses en cuña se cruzan con los abovedados españoles y los muros de piedra y ladrillo hablan de construcciones de un estilo sobre otro.

 Publicada en Sólo Líderes Argentina, edición Agosto/Septiembre 2016

Fotos: Cristian Denevi, Enrique Haladjian, Dirección de Turismo de Colonia

L/D

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